La enfermedad de Alzheimer

Es el tipo más común de demencia; Representa entre un 60 y un 80 por ciento de los casos.

  • ALTERACIONES CEREBRALES:  el daño cerebral está  asociado a la presencia en el tejido cerebral de dos tipos de proteínas, la proteína Beta-amiloide (placas) y la proteína Tau (ovillos).

Durante el curso de la enfermedad, estas  proteínas se acumulan en el cerebro para formar estructuras llamadas “placas” y “ovillos”. Esto conduce a la pérdida de conexiones entre las células nerviosas y, finalmente, a la muerte de las mismas y la pérdida de tejido cerebral. Las personas con Alzheimer también tienen una escasez de algunos productos químicos importantes en su cerebro. Estos mensajeros químicos (neurotransmisores) ayudan a transmitir señales alrededor del cerebro. Cuando hay una escasez de ellos, las señales no se transmiten con la misma eficacia. Los tratamientos actuales para la enfermedad de Alzheimer pueden ayudar a aumentar los niveles de mensajeros químicos en el cerebro, lo que puede ayudar a ralentizar algunos de los síntomas.

  • SÍNTOMAS: como síntomas clínicos tempranos estaría la dificultad para recordar conversaciones recientes, nombres o eventos (fallos de memoria), así como la apatía y la depresión. Conforme avanza la enfermedad los síntomas irán incluyendo  alteración en la capacidad de comunicación; alteración en la capacidad de razonamiento; desorientación en tiempo espacio y persona; confusión; cambios de comportamiento; incontinencia;  dificultad para hablar, tragar y caminar.
  • MANIFESTACIÓN DE LA ENFERMEDAD: La enfermedad de Alzheimer se considera una enfermedad cerebral lentamente progresiva que comienza mucho antes de que surjan los síntomas. La mayoría de las personas que desarrollan o manifiestan los síntomas de la enfermedad de Alzheimer lo hacen después de los 65 años, pero las personas menores de esta edad también pueden desarrollarlo. Esto se llama enfermedad de Alzheimer de inicio temprano y que se da en menor proporción. El desarrollo de la enfermedad de Alzheimer está vinculado a una combinación de factores de riesgo como son: la edad, la genética (ambos no controlables) y el estilo de vida (controlable). Otros factores de riesgo secundario serían: diabetes, accidentes cerebrovasculares y problemas cardíacos, así como la presión arterial alta, colesterol alto y la obesidad.

Aunque no se sabe exactamente la causa, hay aproximadamente el doble de mujeres que hombres mayores de 65 años con la enfermedad de Alzheimer. Se cree que la razón tiene que ver con que las mujeres tienen mayor esperanza de vida, pero también puede estar  relacionado con la falta de la hormona estrógeno después de la menopausia.

En cuanto a la influencia de la genética en el riesgo de la enfermedad de Alzheimer, se sabe que una serie de genes aumentan o reducen las posibilidades de una persona de desarrollar Alzheimer. Para alguien con un pariente cercano (padre o hermano) a quien se le diagnosticó Alzheimer cuando tiene más de 65 años, aumenta su propio riesgo de desarrollar la enfermedad. Sin embargo, esto no significa que el Alzheimer es inevitable, y todo el mundo puede reducir su riesgo viviendo un estilo de vida saludable.

 

  • ENFERMEDAD DE ALZHEIMER ATÍPICA: En algunas personas con enfermedad de Alzheimer los síntomas más tempranos no son la pérdida de memoria. Esto se llama enfermedad de Alzheimer atípica. El daño subyacente (placas y ovillos) es el mismo, pero la primera parte del cerebro que se afecta, no es el hipocampo. Los síntomas iniciales que pueden presentarse pueden ser: problemas para identificar objetos o leer, incluso si los ojos están sanos; problemas para calcular distancias al bajar escaleras, o parecer desordenado (por ejemplo al vestirse); el habla de la persona se vuelve laboriosa con largas pausas; dificultades para la planificación y la toma de decisiones. La persona también puede comportarse de manera socialmente inadecuada o parecer no preocuparse por los sentimientos de los demás. Los problemas de memoria llegarán más tarde. La prevalencia de este tipo de demencia es mayor en las personas diagnosticadas que son  menores de 65 años (representa hasta un tercio de los casos). Siendo más infrecuente en mayores de 65 años, donde solo se da en el 5% de los casos.